BOMBA EN BARAJAS / Caos aéreo: Cuatro horas de miedo, cancelaciones y colas infinitas

BOMBA EN BARAJAS / Caos aéreo
Cuatro horas de miedo, cancelaciones y colas infinitas
La angustia se apoderó de los pasajeros y trabajadores del aeropuerto en su odisea por las distintas terminales de Barajas
PABLO HERRAIZ
MADRID.- En el interior de la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas no se podía ni respirar. El humo se metió dentro del edificio hasta tal punto que parecía que hubiera una densa niebla. Entre empujones, todos intentaban saber algo de sus vuelos, facturar, o simplemente descansar. Caos absoluto.Todas las operaciones en la T-4 se suspendieron durante cuatro horas y se produjeron interminables atascos en las vías de acceso. Iberia tuvo que cancelar hasta 16 vuelos y sufría en el resto retrasos de hasta cuatro horas.
A las 19.00 horas ya se habían operado el 67,5% (388) de los 575 vuelos programados para todo el día en la T-4, y otros 363 de las terminales antiguas, informa Europa Press.
En la entrada de la terminal afectada los curiosos trataban de despistar a los policías para acercarse y contemplar los restos del estacionamiento, que era una auténtica montaña de escombros.
Una hora después del atentado, cuando la terminal estaba aún cerrada, se veía una masa de hormigón y hierros retorcidos, donde anoche todavía se buscaba a los dos hombres desaparecidos. Las alarmas de los seis aparcamientos no paraban de sonar con rabia.
«Cinco minutos antes, pasaron muchos policías corriendo. Nos dijeron que nos marcháramos y dejáramos todo allí. Se quedaron todas las maletas tiradas, y ahora no sabemos si nuestro coche estará destrozado. Hemos pasado mucho, mucho miedo, es una experiencia muy dura», decían Gustavo y Antonio, dos ecuatorianos que se tapaban con una manta de la Cruz Roja, acurrucados en el suelo del aeropuerto.
Antonio había llevado a su mujer a la T-4 para tomar un vuelo a Esmeralda, en Ecuador. Estaban esperando en la cafetería cuando los agentes pasaron corriendo. Cinco minutos después explotó la bomba en la planta 2 del aparcamiento D. En esa misma altura, pero aún no se sabía, estaba el Renault Clio blanco con uno de los dos desaparecidos. En la planta 0, en un Clio rojo, se sospecha que estaba el segundo desaparecido.
Las cinco plantas del parking y el túnel del Metro que se está construyendo debajo quedaron destrozados tras la explosión. «Yo estaba en la terminal, gritando a todos los pasajeros que no se acercaran a las ventanas, cuando justo explotó la bomba. La onda expansiva lo rompió todo, nos pilló de lleno. Dos compañeras mías empezaron a sangrar por los oídos... Fue horrible», recordaba ayer un trabajador de la T-4.
A decenas de compañeros suyos, que entran por turnos cada media hora, no les sorprendió la explosión, pero sí el cierre de la terminal. Se agolparon frente al aparcamiento de empleados, mirando impotentes la inmensa columna de humo que durante horas manchó el cielo madrileño.
Los que estaban dentro iban saliendo entre aplausos de sus colegas. Mientras, en las pistas quedaban miles de personas que ayer perdieron sus vuelos. Poco a poco, los autobuses los trasladaron hacia la T-1, T-2 y T-3, las otras terminales de Madrid-Barajas. En la T-1 se vivieron malos momentos: los pasajeros venían de pasar frío en las pistas de la T-4 de 9.00 a 12.00 horas, aproximadamente. En la T-1 los mantuvieron desinformados, hasta que una avalancha hacia las paradas de taxi y autobús indicó que la T-4 había vuelto a abrir sus puertas.
La Policía Municipal no podía controlar a la muchedumbre, que llegó a zarandear a varias personas y a insultar a los que no guardaban cola. Los autobuses atestados salían a trancas y barrancas hacia el lugar del atentado. Y en la T-4 el panorama no era mejor. Entre los controles de carretera y el atasco, la gente optaba por bajarse de los taxis y caminar casi un kilómetro por el arcén con sus maletas. «Me quiero volver ya a Miami, estoy harta», se quejaba una cubana mientras arrastraba sus bultos.
«Ésta es la negociación de ZP, y los taxistas, mientras hacen su agosto», protestaba otro hombre que pretendía volar a Bogotá. Y así continuaban las iras a miles: la de Phabiana, que se iba a Río de Janeiro, las de unos recién enamorados que volaban a Grecia, la alemana que no podía volver a Francfort...




0 Comments:
Publicar un comentario en la entrada
Links to this post:
Crear un enlace
Home