Editorial: MALOS TRATOS, UN FIASCO POLITICO

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MALOS TRATOS, UN FIASCO POLITICO
La fría estadística pone en evidencia que la política del Gobierno contra los malos tratos a las mujeres no está dando los resultados esperados. Según datos oficiales, 67 mujeres han muerto a manos de sus parejas en lo que va de año, lo que supone siete víctimas mortales más que a lo largo de 2005.
Tal vez porque los datos no corresponden a las expectativas suscitadas tras la entrada en vigor de la nueva ley, la delegada del Gobierno contra la violencia de género, Encarnación Orozco, pidió ayer a las mujeres maltratadas que «extremen la precaución» durante estas fiestas navideñas. Orozco subrayó que, dada «la carga emotiva» de estas fechas, las mujeres incurren en la tentación de reconciliarse con sus antiguas parejas, lo que conlleva un fuerte riesgo de que se reproduzcan situaciones violentas. «Las mujeres no se deben dejar llevar por el sentimiento de culpa por haber denunciado a su marido», dijo Orozco.
Puede que efectivamente en algunos casos se produzca el fenómeno que la delegada describe, pero la recomendación que formula genéricamente nos parece una simpleza. Habría que ver caso por caso y estudiar si existe posibilidad de una reconciliación. De cualquier forma, cada uno es libre de actuar como quiera y de «bajar» o no «la guardia» de sus sentimientos.
A medida que las cifras demuestran que la política contra los malos tratos no está solucionando este grave problema social, da la impresión de que el Gobierno se radicaliza retóricamente y propone ir un paso más allá.
Esta actitud militante del Gobierno contrasta con la absoluta indiferencia de las autoridades ante el fenómeno denunciado ayer por María Sanahuja, decana de los jueces de Barcelona, que señalaba en una entrevista que de los 140.000 casos que se llevan a los juzgados cada año más del 90% se archivan o acaban en sentencias absolutorias.
¿Qué está sucediendo? ¿Por qué son tan desmesuradamente altas las falsas denuncias contra los hombres y, a la vez, crece el número de mujeres que mueren por causas violentas? El Gobierno carece de explicación a estas preguntas y, por ello, ha decidido refugiarse en ese radicalismo verbal que, en el fondo, nada resuelve.
Estamos ante un problema complejo que hay que atajar sin demagogia y ello pasa por reconocer que la ley, que lleva en vigor dos años, está resultando un fiasco. Las cifras son más elocuentes que la retórica en la que se ha refugiado el Gobierno.




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