EL DISCURSO DE LA SEMANA: Querer no siempre es poder

EL DISCURSO DE LA SEMANA
Querer no siempre es poder
LOURDES MARTIN SALGADO
...«Estamos por supuesto mejor que hace cinco años, también mejor que hace un año; les expreso una convicción: dentro de un año estaremos mejor que hoy»...
-José Luis Rodríguez Zapatero hace balance del año (29/12/2006)
Estamos en Navidad, hay menos discursos y los que hay tienen un marcado toque de felicidad y buenos deseos. Ayer compareció el presidente del Gobierno en una inusual rueda de prensa para dar cuenta de un balance del año con gusto a turrón y para dejar en nuestra memoria una frase que bien podría haber sido estampada en los christmas oficiales: «Dentro de un año estaremos mejor que hoy».
Si este buen deseo hubiese tenido una intención genérica, podría encuadrarse dentro del optimismo propio de las fechas y el afán permanente de hacer campaña. Pero la sentencia se refería exclusivamente al llamado proceso de paz con ETA, y eso la convierte en una arriesgada falacia de wishful thinking.
Ésta es una forma de razonamiento que realiza quien quiere creer fervientemente en algo y confunde sus deseos con lo que va a ocurrir en realidad, lo que le lleva a obviar toda la evidencia y argumentos en contra. Por esta razón, el presidente eludió ayer valorar el hallazgo de un nuevo zulo de la banda terrorista en Amorebieta, como en su día prefirió no hablar del robo de 300 pistolas en Francia. Cuando la realidad no se adapta a los deseos, se desprecia la realidad.
A la vez que ignora toda evidencia contraria a sus anhelos, el wishful thinker se ve obligado también a buscar pruebas que corroboren su aspiración, aunque para ello tenga que recurrir a falsos silogismos del tipo «dentro de un año estaremos mejor» porque «hoy estamos mejor que hace un año» y yo ya lo predije.
¿Qué tiene de peligrosa esta falacia si a todos nos gusta rodearnos de personas optimistas que piensan en positivo? Pues que lo que expresa el presidente no es un simple deseo, sino una convicción que, según él, está destinada a cumplirse y que, precisamente por ello, se convertirá en la guía de sus decisiones.
Son muchos los líderes que cometieron este error a la hora de emprender sus empresas; Chamberlain quería «paz en nuestro tiempo» cuando firmó los Acuerdos de Múnich en 1938, y también George W. Bush se imaginó, antes de invadir Irak, a los ciudadanos libres de Sadam vitoreando a las tropas estadounidenses.
Así, puesto que para Zapatero «estar mejor» significa, según dijo ayer, que no haya «trágicos accidentes mortales», todo lo que contribuya a mantener ese eufemístico estado podrá encontrar su justificación. Incluso Navarra podría convertirse en una mera premisa al servicio de la conclusión.
Quizá consciente de lo arriesgado de su órdago, en el resto de su discurso el presidente entró en barrena en la contradicción más absoluta, sugiriendo que «no es conveniente estar pronosticando momentos trascendentales», que no podía «hacer ninguna interpretación personal, menos siendo presidente del Gobierno» o que no iba a «comentar futuribles o hipótesis». Justo las tres reglas que él incumplió ayer con su «dentro de un año estaremos mejor que hoy».




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