La «fascistoide» obediencia debida

La «fascistoide» obediencia debida
PEDRO SIMON
Cuentan los docentes que jamás se vio tamaño celo como el de este curso entre los inspectores de Educación de la Xunta de Galicia, peinando las aulas a la caza y captura del hispanoparlante un día sí y otro también. Tiran de listado en la zona, marcan un número de teléfono y preguntan a la dirección y a la jefatura de estudios por las ovejas negras.
Timoratos algunos y belicosos otros, los profesores tachan de «fascistoide» la obediencia debida que les reclama la Xunta y se organizan e intercambian experiencias en foros de internet. Dispuestos a dar la batalla por expresarse como quieran. ¿Con qué se come la escuela? Galicia caníbal, que dirían Os Resentidos.
«La Inspección ha llamado a los institutos para solicitar los nombres de los profesores que no han entregado la programación en gallego», señala una enseñante anónima. «A mí, concretamente, me lo comunicó mi directora. Tres días después me visitó la inspectora, la cual, con muy buenas palabras, intentó convencerme; ante mi negativa y mi petición de su orden por escrito dijo que al día siguiente me enviaría un requerimiento, que, por cierto, me advirtió, es el paso previo a un expediente. Esto fue dos días antes de vacaciones. Evidentemente estoy a la espera. Me he puesto en contacto con otros profesores que están en mi misma situación y el proceso ha sido el mismo», concluye.
«Poco antes de las vacaciones», expone otro docente, «me entrevisté con la inspectora que corresponde al centro en el que trabajo y le hice saber mi desacuerdo con el requerimiento de que la programación de la asignatura tenga que hacerse en gallego. Ella decidió volver tras las vacaciones, enviando previamente el requerimiento al centro. Debido a las vacaciones, no lo recibiré hasta enero. De no cambiar mi decisión, levantará el correspondiente informe. Después de consultar la legislación, la impresión que me queda es de absoluta perplejidad, pues me parece evidente la ilegitimidad de la medida que pretenden imponer».
«A mí, como jefa de estudios, se me pidió que diera la lista de los que no hacían la dichosa programación en gallego», nos cuenta por teléfono Rosa, nombre supuesto. «Evidentemente, dije que me negaba a delatar a unos compañeros. Porque lo que nos están pidiendo es exactamente eso».




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